Hoy te hablo del estrés.
Pero no del estrés como conoces.
Primero tenemos que saber qué es el estrés.
Tranquilo, no te voy a pegar una chapa enorme sobre el tema.
Pero creo que irá bien saber un poco de qué va el tema para entender lo que después quiero explicarte.
Primero de todo, el estrés no es un estado de ánimo ni un estado mental.
El estrés es una respuesta natural de nuestro organismo.
Lo mismo que sudar, que se te pone la piel de gallina, o tener una erección.
Estrés básicamente es la respuesta de nuestro organismo ante una situación que lo pone en peligro.
En inglés lo llaman Flight or Fight
Entonces el estrés engloba todos los mecanismos que se activan ante una situación de este tipo.
Respuestas hormonales (básicamente) y todo lo que ellas conllevarán. Rollos como el incremento de la adrenalina, incremento de la tensión arterial, de la frecuencia cardíaca, del ritmo respiratorio….
Como hemos evolucionado en un entorno lleno de incertidumbres en el que te lo tenías que currar para sobrevivir, la activación de todos estos mecanismos nos ayudaban a lograrlo.
Dentro de estos mecanismos también está un chute de energía al corriente sanguíneo.
Esta energía la ibas a necesitar para luchar, huir, procurarte comida, agua, cobijo…
Tenías el chute de energía, lo utilizadas, lo gastabas, terminaba la situación de estrés, y chinpum, se acabó.
Hoy en día las cosas que nos estresan son otras.
Son cosas ante las que no podemos luchar ni tampoco podemos huir de ellas..
Tu jefe apretándote por los objetivos, un atasco, un gasto inesperado… Cosas así.
Siempre tienes la opción de morderle la yugular a tu jefe.
Vale, hasta aquí que es el estrés.
Ahora vamos a hablar de otro tipo de estrés.
El estrés de tu sistema nervioso.
Es decir, como narices administra una situación que le sobrepasa.
Como yo no soy psicólogo, ni Coach, ni me dedico a hacer conferencias sobre motivación, evidentemente vamos a hablar desde un punto de vista del movimiento.
Of course.
Te proponen hacer una travesía de 3000 metros a nado, pero tú lo de nadar lo llevas más bien mal.
Eres de esas personas que más que nadar se desplazan por el agua. Sobrevives en húmedo.
Lo más normal, si eres una persona con dos dedos de frente, sería que rechazases la oferta.
En principio por miedo a ahogarte.
No mola ahogarse.
Otro caso diferente, va.
Te proponen apuntarte a una carrera popular que organiza la tienda de deportes de tu amigo que está en el barrio.
A ti lo de correr ni fu ni fa.
Pero vamos, es correr, alguna vez en tu vida has corrido.
Ni que sea porque llegabas justo de tiempo al 2×1 en copas.
Y te apuntas.
Porque claro, aquí no te puedes ahogar.
Otra situación.
Has decidido que vas a empezar hacer algo.
Algo de actividad física.
Y miras, y preguntas.
Y dos colegas tuyos resulta que hacen CrossFit
Antes se les empezaba a ver una barriguita a sus 35 años y ahora empiezan a estar para salir en un calendario de bomberos.
Joder.
Es eso.
Tú también harás CrossFit.
Tú quieres ser el mes abril del calendario, con menos ropa ya.
Y te apuntas.
Terminas las primeras clases hecho un verdadero desperdicio humano.
Te duele todo. Del pelo a las uñas, pasando por cosas que no sabías que tenías.
Pero claro, es falta de costumbre.
Y para acostumbrarte más decides que en lugar de dos días vas a ir tres.
Déjame hacer un punto y aparte.
Cuando mi mujer estaba embarazada de nuestra primera hija y hablaba con otras mamás todas le contaban lo bonito que era todo.
Le decían todo lo que les aportaba haber tenido un hijo.
Que era maravilloso.
Que no lo cambiaría por nada del mundo.
Que era un mundo ideal.
Que ahora al ir al baño cagaban chuches.
Y ella, mi mujer, cuando le dolía la espalda, cuando tenía que despertar cada pocas horas para dar el pecho, cuando se le terminó la baja laboral por maternidad e ibamos de culo….
Ella me decía “no lo entiendo, todas me decían que es fantástico”
Hasta que te pones hablar otra vez con todas aquellas mamás del mundo ideal y les preguntas si a ellas también les pasaba esto.
– Ah, sí, claro.
Nos han jodido, solo habían contado la parte bonita.
¿Por no parecer malas madres?
¿Para engañarse?
¿Para joder?
Bueno, supongo que se quedan con lo bonito del tema.
Volvemos a CrossFit.
Tus amigos te han contado que es la pera limonera.
Que te aprietan, que sudas, que te cansas, pero que todo el esfuerzo y el sacrificio (porque ellos ahora se ven como espartanos) vale la pena y que ¡Ahú, ahú ahú!
Por qué recuérdalos con su panza incipiente y míralos ahora, cerca del Olimpo.
Entonces tú, que para adaptarte mejor vas más días, no entiendes o quizás crees que forma parte del camino hacia el Olimpo, que les pasa a tus rodillas, a tu columna, a tus hombros.
Como puede ser que estés levantando barras olímpicas, estés haciendo más dominadas que un chimpancé, y empieces a mover con tus piernas kilajes dignos de Conan el bárbaro….
Pero ahora no puedas dormir con un brazo debajo de la almohada porque le hombro te mata.
Tus amigos te han engañado.
Solo te han cortado la parte bonita.
Seguro que esos cabrones están como tú, pero cierran el pico.
Ahora sí.
Vamos al estrés de tus articulaciones que tiene que administrar tu sistema nervioso.
Resulta que hace años que no te movías por las zonas por las que te hacen mover tus sesiones de CrossFit.
Eso significa que tus articulaciones son débiles por todas esas zonas.
Con las rodillas muy dobladas, con los brazos por encima de la cabeza. Por poner dos ejemplos muy claros.
Pero además de que has decidido hacerlas pasar por ahí un porrón de veces a la semana, lo has hecho de golpe, añadiéndoles peso, y con intensidad.
Toma ya.
A saco, como si no hubiese un mañana.
Cada vez que pasas por esas zonas débiles de esa forma tu cuerpo debe utilizar las articulaciones de una determinada forma.
Pero no está preparado.
Así que tu sistema nervioso va a escoger los músculos que puedan hacer algo ante esa situación, una situación que le sobrepasa.
¿Y por qué le sobrepasa?
(si no lo preguntas tú lo hago yo, sino esto no puede continuar)
Pues fácil, porque no están preparados y has querido pasar de cero a 100.
Igual que no harías la travesía a nado sin saber nadar ni sin asegurarte que aguantarás toda esa distancia.
Igual que después de la carrera de 5 km tus articulaciones se quejarán por el impacto recibido sin estar preparadas y te lo pensarás tres veces antes de aceptar otra carrera.
Con el CrossFit no.
Porque ahora eres un espartano.
Porque toca sufrir.
Porque….
Por qué no.
Porque esto es lo mismo que lo otro.
Verás.
He tratado con varios usuarios que practican CrossFit, o algo parecido, quejándose de todo lo que les duele y con una movilidad articular pésima.
Déficit de movilidad y encima le metes pesos, repeticiones e intensidad.
Pero solo he tratado con una persona que quería empezar a practicarlo y era consciente de sus carencias de movilidad.
Y solo cuando las ha visto mejoradas empezado con la práctica.
Él ha aprendido a nadar antes de hacer la travesía.
Él ha preparado sus articulaciones y su técnica para hacer la carrera de 5 km.
Su estrés articular no va a llegar a la suela de los zapatos de los otros espartanos lesionados.
Te gusta correr, corre.
Te gusta hacer CrossFit, hazlo.
Te gusta levantar pesas, levántalas.
Pero recuerda, si quieres hacerlo durante mucho tiempo, si quieres hacerlo con menos riesgo de lesión (y digo menos porque el riesgo siempre está ahí), prepara tus articulaciones, mejora tu movilidad, elimina restricciones.
En resumen: prepara a tu sistema nervioso para que pueda administrar lo mejor posible el estrés al que vas a someter a tus articulaciones.
Menudo rollo te he pegado.
Pero es que es algo que veo cada día.
Quizás has estado en esta situación.
Quizás no has entendido la situación en que estabas.
Quizás conoces a alguien que está en esta situación.
No es cuestión de entrenar más, no es cuestión de masajes, no es cuestión de relajar la zona.
Es cuestión de que tu sistema nervioso aprenda.
Y no va a prender en dos días.
Como cualquier lección importante, se tarda algo más.
También va a depender de dónde vienes, de tus capacidades… en resumen: de tu historia y tu contexto.