Hay un paseo por el que solía cruzar de vez en cuando al ir a correr.

Era un paseo con el suelo adoquinado, con toda la irregularidad que puede suponer un adoquinado.

Además, era abombado. Desde el centro hacía bajada hacia los dos lados.

Me encantaba pasar por ese tramo y sentir como mis tobillos, rodillas y resto del cuerpo tenían que adaptarse a todas esas irregularidades.

 

Pues fíjate que hablo en pasado.

 

Lo han alisado todo.

Fuera adoquines.

Fuera irregularidades.

También lo han aplanado.

Fuera abombamiento.

Plano, recto, liso, alineado.

 

Puedo imaginarme lo que ha pasado: gente que se tropieza, tobillos que se desestabilizan, cochecitos que se encallan…

Quejas de la población y ¡voila! fuera irregularidades del terreno.

Todo ello teniendo ya los laterales sin adoquines.

 

No os preocupéis, lo alisamos todo.

No os preocupéis, pondremos escaleras mecánicas si hay demasiadas escaleras.

Que tu hijo no se canse, cómprale un patinete eléctrico.

 

 

LAS COMODIDADES NOS ESTÁN MATANDO

 

Se anda cada vez menos.

Las zapatillas son cada vez más amortiguadas.

Las horas en sillas ocupan cada vez más parte del día.

 

Cuanto menos esfuerzo hagamos mejor: ascensor, escaleras mecánicas, patinetes eléctricos, que te traigan la compra a casa, que barra la Roomba…

Prohibido jugar con balón en los parques. Sentados y con un móvil los niños molestan menos, pero ¡eh! Busquemos fórmulas porque, no sabemos porque, los niños cada vez se mueven menos.

 

Y así vamos.

Cuantas más comodidades menos nos movemos.

Pero parece que nos está bien, porque es la población la que se queja.

Nos estará bien a nosotros, pero para nada a nuestro cuerpo.

 

Nuestro cuerpo se hunde en la miseria del dolor, del acartonamiento y de la rigidez articular.

No es de extrañar.

Si algo le cuesta se lo quitamos del medio.

 

Me suena mucho esto…

Es un reflejo de la sociedad: exijamos menos porque cuesta.

 

Quitémosle del medio todo aquello que suponga un esfuerzo extra: pendientes e irregularidades del terreno ¿o es que no tenemos suficiente con la pena de tener que andar para ir de un lugar a otro?

 

Esos adoquines han resultado ser el guisante bajo el colchón de la princesa.

Es un guisante para los tobillos de cristal de una gran parte de la población.

De esa parte que en lugar de abrazar el movimiento lo rehúye.

De esa parte que da la culpa de sus problemas de tobillo a los adoquines que hacen que se tuerzan y no del tiempo que no hacen nada más que andar un poco por terrenos planos, lisos y alineados.

 

El problema gordo no es el guisante que te has encontrado.

El problema realmente grande son todos los guisantes que hemos eliminado, porque tiempo atrás dormíamos sobre guisantes.

Y te diré algo, nuestra espalda estaba contenta y no se quejaba.

Y las ciudades como Barcelona estaban adoquinadas por todas partes y los niños jugaban a pelota en cada rincón, saltaban a la cuerda, corrían, pegaban brincos y se montaban a caballito sin que nadie les gritase eso de – ¡cuidado que eso no es bueno para la espalda! –

 

Pero nos hemos vuelto cómodos.

Porque somos vagos por naturaleza. Si un esfuerzo no es necesario para sobrevivir nuestro sistema nervioso te va a mandar al carajo antes de moverte.

Y vamos nosotros y le damos más motivos para eso.

Nos hemos vuelto más vagos.

Nos hemos vuelto sedentarios.