Pasamos el día sin movernos y después parcheamos con ejercicio.
Estamos la mayor parte del día sentados y la culpa de nuestros dolores es de la silla.
Salen cientos de estudios sobre los beneficios del ejercicio, de la actividad física…
“tantos pasos al día reducen las posibilidades de muerte por cualquier causa en un X%”
“entrenar la fuerza 2 veces por semana disminuye las posibilidades de sufrir X, Z, Y”
Pero al final se resume todo en romper con el sedentarismo.
Porque el sedentarismo no es natural.
El sedentarismo es un estado carencial. Así que si no tienes una vida activa enfermas.
Lo mismo que la deshidratación o la desnutrición son estados carentes de suficiente agua o nutrientes esenciales respectivamente.
No puedes vivir bien sin beber, comer o moverte lo suficiente.
Fíjate en estas situaciones cotidianas y tan habituales:
Te vas a correr 40 minutos y cuando regresas subes los 3 pisos hasta tu casa en ascensor.
Vas los martes y jueves a yoga para que tus articulaciones funcionen mejor para llegar a casa y pegarte 3 horas viendo series apalancado en el sofá.
Querías adelgazar y decidiste ponerte a correr hace 3 años y ahora eres la hostia corriendo, aunque te sigue doliendo todo porque te has hecho muy bueno en un único movimiento: correr.
Estamos confundidos con el QUÉ y con el CÓMO, pero sobre todo con el POR QUÉ.
QUÉ
¿Qué hacer?
El gran problema de escoger que tipo de actividad física realizar.
Nos lo han empaquetado todo: fuerza, cardiovascular, estiramientos…
Las noticias y artículos relacionados tampoco ayudan (demasiado) a menudo: los mejor es hacer 2 sesiones de fuerza a la semana, 150 minutos de actividad moderada-intensa, trabajo cardiovascular entre 3 y 4 veces por semana, estiramientos cada día, meditación a diario también, con un programa de 7 minutos de alta intensidad al día es suficiente, andar… debes andar, sobre todo.
¿Quién no se ha tropezado con varias de estas indicaciones?
Es abrumador.
Necesitas varias horas al día y más de 7 días a la semana para cumplir con todo. Porque recordemos que además de eso, uno debe cumplir con sus obligaciones familiares y laborales.
A mi no me salen los números y aún menos el tiempo disponible.
CÓMO
Una vez has decidido QUÉ vas a hacer, viene el CÓMO te lo tomas.
Cómo lo vas a llevar a cabo a lo largo del tiempo.
¿Vas a probar y si no te gusta seguirás igualmente? Por aquello de que más vale malo conocido que bueno por conocer.
Y si no te convence ¿tirarás la toalla?
Y el otro extremo ¿qué pasará si te encanta? Si te sienta de maravilla ¿incrementarás el tiempo de práctica? Por eso de que más es mejor. Porque si 2 días te sientan de maravilla… ¡Imagina tú 4!
Entonces se suele caer en esta dicotomía: o no me ha gustado y lo dejo hasta que me dé otra vez por probar algo diferente o me ha gustado tanto que me “especializo” en ello.
POR QUÉ
¡Buf! El por qué.
Se suele empezar con la práctica de lo que sea (a nivel físico) con propósitos o necesidades variadas, pero acostumbran a tener algo en común.
Las motivaciones acostumbran a ser estéticas (pérdida de peso por lo general) o la sensación de que estás viviendo en un cuerpo que no corresponde a tu edad.
Y, tal cómo decía, hay algo en común en todas esas cosas: el hartazgo.
Estás harto de la situación, te supera, no puedes más con ella.
Has ido pasando disimuladamente hasta que no has podido disimular más. No puedes hacer como si aquello que sucede no sucediese.
Y entonces te marcas un objetivo, no demasiado claro habitualmente:
- Quiero perder 10 kilos ¿pero quieres perder 10 quilos de peso o de grasa? ¿y si ganas músculo (cosa genial) y crees que no lo haces bien porque eso no se refleja en la báscula?
- Quiero acabar con mis dolores de espalda ¿natación? ¿Y si no nado bien y es peor? ¿estiramientos o fuerza? ¿Y si mi espalda necesita otra cosa?
- …
Pongamos que todo sale bien.
Lo logras.
¿Ahora qué?
¿Se acabó?
¿Hasta cuándo?
¿Otro hartazgo?
Lo que decía al principio: parcheamos.
La actividad física, el ejercicio, el movimiento… no me voy a poner académico con el significado de cada una de las palabras, pero creo que nos entenderemos si te digo que es algo intrínseco al ser humano.
Porque lo contrario es el sedentarismo y te aseguro que, si nuestro cuerpo hubiese evolucionado para no moverse, probablemente seríamos plantas.
Pero ha evolucionado en un entorno de necesidad de movimiento y hemos obtenido esta maravilla que maltratamos a diario.
¿Objetivo?
El objetivo es disfrutar del cuerpo y las posibilidades que nos otorga, de su riqueza de movimientos.
Parchear Vs. una vida activa
23 horas sin apenas moverte y 60’ corriendo.
Vs.
Despertar y movilizarte 10’, bajar a la calle por las escaleras, andar un rato antes de entrar al trabajo, hacer descansos activos, salir de trabajar para ir al parque con tus hijos y colgarte con ellos y agacharte con ellos, hacer en casa 2 o 3 ejercicios de fuerza, darle un poco de alegría a esa cadera derecha que te hace la puñeta, sentarte en el suelo para descalzarte y subir sin apoyarte, bailar con tu pareja…
Si además te gusta una disciplina y la practicas, oye, todo eso que tienes.
Pero recuerda esto: a tu cuerpo le gusta la variabilidad, la frecuencia, la amplitud.
Practica las tres: muévete frecuente, amplio y variado.
Varia también las intensidades, porque la vida ni es una competición atlética ni una clase de meditación. No es necesario ir a muerte cuando te mueves, pero hay momentos para todo.