Dejar de hacer cosas por dolor es un rollo.

 

Sea a la edad que sea.

 

Dejar de ir en bici, de subirte a la moto, de ir de excursión, de jugar al tenis, de nadar.

 

No importa la actividad que sea.

Si es la que te gusta hacer y no puedes por dolor, es una jodienda.

 

Vas al médico y te receta alguna pastilla.

O, como le pasó a uno de los últimos clientes, el médico le dijo:

 

  • no haga deporte.

 

Ejem.

¿Para eso una carrera?

 

Es el famoso: medicación y reposo.

 

El médico sedentario que ni siquiera sale de detrás de su escritorio para testar tu articulación.

El médico que no comprende que tu vida normal incluye la actividad física (afortunadamente esto va cambiando poco a poco)

 

Y te resignas.

Y te vas desesperado.

 

 

Pero el siguiente paso es del dolor para hacer “vida normal”.

 

Empezar a preocuparte cuando tu trayecto incluye escaleras.

 

Sufrir por levantar a tu hijo en brazos.

 

Levantarte de la silla a cámara lenta y con toda clase de apoyos.

 

Todas estas cosas que no deberían suceder porque a ti no te ha pasado nada, no has tenido un accidente, no te has roto una pierna, no te has lesionado.

 

 

Y ahora sigo con quien el doctor le dijo lo de “no haga deporte”.

 

Él ha llegado a esta situación.

Su dolor ya no le deja hacer vida normal.

 

Eso es demasiado pronto para su edad, pero es demasiado tarde para preocuparse.

 

No para mejorar, no.

Para preocuparse.

 

Tenemos (me incluyo) esa maldita manía de dejar pasar las cosas, como si el tiempo todo lo arreglase.

El tiempo no va a curar los “males” físicos a menos, claro está, que inviertas ese tiempo que va pasando en hacer algo para remediarlos.

 

 

Verás, nuestro cuerpo tiene una fea costumbre:

Se adapta mejor a lo que no supone un esfuerzo que a lo que sí lo supone.

 

Engordar lleva menos tiempo que adelgazar.

Perder la forma física lleva menos tiempo que cogerla.

 

 

En general, las cosas que suponen una degradación física llevan menos tiempo que las que suponen una mejora.

 

Eficiencia energética será…

 

Empeorar solo requiere dejarse ir, olvidarse de uno mismo.

Mejorar requiere aprender, esforzarse, implicación… y todo eso es energía.

 

 

Entonces tenemos claro que tenemos que hacer algo, aunque sea tarde o, mejor dicho, aunque hayamos tardado demasiado tiempo en darnos cuenta.

 

Para que te hagas una idea, una vez me tocó recuperar la movilidad del hombro de un hombre que casi no podía mover el brazo:

 

  • ¿cómo has tardado tanto en empezar a hacer algo? – le pregunté
  • Es que no me daba cuenta
  • Y ¿cómo te has dado cuenta ahora?
  • Porque no podía agarrar el volante del coche

 

Hasta ese punto tuvo que llegar.

 

 

No llegues hasta ese punto.

 

Si me preguntas, en mi opinión, no deberías llegar a ningún punto.

Deberías ver cómo te mueves, qué te cuesta hacer, qué tipo de rigideces sientes.

Comprobar cuándo llegar a sentarnos en el suelo y levantarnos de él sin apoyos de manos no es posible.

 

El día a día es un testeo sencillo: qué cosas que hacías con suma facilidad empiezan a costar.

Y no te hablo de correr una hora.

Me refiero a las tareas cotidianas de las que te hablaba antes.

 

 

Me mata cuando a alguien cercano veo como se le apaga el cuerpo. Cuando en lugar de buscar cómo poder volver a hacer esas cosas que ya cuestan, deciden rendirse y, simplemente, dejar de hacerlas.

 

Cada vez que dejas de poder hacer algo de tu vida cotidiana estás dando permiso para que se sumen otras.

 

Y lo mismo en el sentido contrario: empieza a mejorar tu movilidad y lo notarás en todo.

Porque lo que no puede una estructura del cuerpo se compensa con otra, hasta que esta otra acaba hecha polvo (las famosas compensaciones).

Mejora la movilidad de tus caderas y tu columna y rodillas te lo agradecerán.

Mejora la movilidad de tus escápulas y tu columna y hombros te lo agradecerán.

 

 

Así que ya lo ves…

 

A veces vemos que es pronto para sentirse mayor y a veces sentimos que es tarde para sentirse joven.

 

Pero la edad, más que en la cabeza, está en el cuerpo, en cómo lo usas, en cómo eres capaz de moverte.

 

Ten libertad de movimiento y siéntete mejor.

 

Esa es la tercera vía.

 

Porque las dos de antes, la del reposo y la de los medicamentos, no sirven para que el cuerpo se mueva mejor, no sirven para que aquel hombro que no llegaba al volante pueda hacerlo, no sirven para que tus rodillas no le teman a las escaleras.