Te quiero hablar sobre cómo lo que está “establecido” es lo que manda y nadie se lo cuestiona.

 

Estuvimos visitando un castillo medieval, en Cardona, impresionante.

Bien.

La historia y leyendas alrededor del castillo están chulas.

 

Te cuento parte de la historia, a mi manera.

 

Resulta que el Conde del castillo era bastante cabroncete.

Y el abad de la zona tuvo una conversación con él:

      • Abad: Oye bro, así no vas bien.
      • Conde: Pero yo soy como soy y fluyo así por la vida
      • A: Pues sin querer hacer spoiler, pero así irás al infierno
      • C: Qué me cuentas bro ¿Qué puedo hacer?
      • A: Podrías currarte una iglesia
      • C: ¿Una iglesia? Lo vas a flipar.

Y lo flipó.

Hizo construir una iglesia el doble de grande de lo que se hacían entonces.

La verdad es que al entrar impresiona.

Pero el Conde continuó siendo un cabroncete y tan tranquilo.

Pero como quien controlaba el meollo era la iglesia, pues ya había cumplido.

 

Y hasta aquí esta pequeña historia que te he traducido del latín.

Ahora vamos a llevarlo a nuestro terreno.

Verás…

 

Pasa lo mismo con los estiramientos y tus tensiones y rigideces varias.

Siempre te han dicho que debes estirar.

Lo haces (o no) y ya has cumplido.

Pero aquí quien dirige el meollo es tu sistema nervioso.

Y los estiramientos le hacen la misma gracia que una patada donde duela más.

Al menos a nivel de movilidad.

Si él no da órdenes, no aprende.

Así que, que tires fuerte de tu pierna, o lo haga otro, es cómo un pequeño ataque.

Estás llevando tu articulación a un punto donde de manera voluntaria no eres capaz de llevarla.

Quiero decir, que ni en broma pones la pierna en esa situación haciendo fuerza con los músculos encargados de hacerlo.

Esa es la palabra:

VOLUNTARIEDAD

 

Para consolidar un rango de movimiento, una zona del recorrido de tu articulación, esa zona debe ser fuerte y estable.

Y si a esa zona te lleva otra parte de tu cuerpo, una pesa, tu compi apretando, o dos cuerdas tiradas por otros tantos bueyes…

No estás llegando allí aplicando fuerza.

 

Por mucho que estires no irás al cielo de la movilidad.

Es probable que después de una sesión de duro ejercicio te hayas puesto a estirar para ayudar a tus músculos a “regresar a su estado natural”.

También es probable que después hayas sentido que esas articulaciones van atontadas, como que cuesta controlarlas.

Lo que has hecho, en tu intento de relajar los músculos, es inhibirlos, desenchufarlos.

Tu sistema nervioso se ha visto incapaz de mantener el control.

 

¿Más cosas?

Más cosas, va.

 

Tus músculos no pueden estirarse.

Se contraen o se relajan, pero no se estiran.

Entonces, cuando terminas una actividad física en la que tus músculos han tenido que contraerse de manera repetida para realizar ciertas acciones y estabilizar tus articulaciones, pues van a seguir así un rato.

Básicamente, lo que pasa ahí, es que tú sabes que has terminado la actividad, pero tu sistema nervioso no.

Así que va a mantener un nivel de tensión en esos músculos todavía elevado.

Podríamos decir que los mantiene en posición defensiva.

A medida que pasan los minutos y el sistema nervioso detecte que ya no es necesario esa actividad muscular, bajará el nivel de tono.

A diferencia de los estiramientos, movilizar las articulaciones implicadas en la actividad realizada, sí que va a ayudar a relajar ese tono.

Estarás realizando movimientos amplios y voluntarios.

Le estás diciendo a tu sistema nervioso:

      • oye tú, no hace falta que mantengas tanta protección porque como puedes notar soy capaz de moverme de otras formas de forma fuerte y controlada. Como ves, me muevo en otras direcciones diferentes a lo que hacia hasta ahora.

 

En otras palabras, que estás diciendo que baje el tono porque eres perfectamente estable.

 

Ahora ya sabes cómo va la historia.

Yo no soy la iglesia, yo no tengo el poder.

Puedes hacerme caso o no.

No te voy a pedir que construyas una iglesia.

Pero puedes probarlo.

No probar a construir nada, sino a movilizar tus articulaciones en lugar de estirarlas.