Cuando era pequeño había un anuncio de una colonia que salía por TV.
Se llamaba “Chispas”.
Y el anuncio decía: “tu primera colonia, Chispas”.
Era una colonia dirigida a los adolescentes.
Y el anuncio eran 20 segundos de imágenes de lo que hacían los adolescentes en esa época: los primeros secretos, las llamadas telefónicas escondidas (difícil, porque era teléfono fijo), la primera ropa a tu gusto, amigos…
Y es difícil olvidar las primeras veces de las cosas que te gustan, te marcan o han costado.
Y no te diré que nunca es tarde para la primera vez de muchas cosas.
Una mierda, claro que es tarde para muchas cosas.
Pero para muchas otras no.
Aunque hay muchas veces que nos ponemos límites mentales.
El hecho de pensar que por la edad que tienes no puedes acceder a ello.
Otras veces es pura impaciencia.
Si te propones conseguir algo lo normal es que haya un proceso.
Al menos en el tema de movilidad.
Muy probablemente a ti te haya pasado, a mí, ya te digo que demasiadas veces.
Quieres intentar algo.
Te propones hacerlo.
No sale.
Se acabó.
Esto no se hacerlo.
Esto no puedo hacerlo.
A la mierda, yo no estoy hecho para esto.
Y a otra cosa.
Verás…
Todo aprendizaje tiene un proceso.
Todo.
Y si te lo indica un profesional, una vez aclaradas tus dudas, lo mejor es creer en el proceso.
Porque la impaciencia, en muchas ocasiones, hace que nos saltemos pasos.
Y son esos pasos que nos saltamos los que, en lugar de acercarnos más rápido, nos alejan del resultado final.
Si quieres moverte mejor, seguir con tu vida normal pero sin dolor, pues también es un proceso.
No es una pastilla.
No tiene efectos inmediatos.
Al menos permanentes.
Es más que posible que al finalizar una sesión te sientas mejor de tus molestias, pero para hacer de esa situación algo permanente se necesita tiempo.
Como te decía antes, yo también he pasado por ahí.
Pasar del proceso y tirar por la vía directa.
Te voy a contar algo que me ha pasado
Hay un ejercicio, el muscle up, que se me puso entre ceja y ceja.
Incluso hice un taller para lograrlo.
Me fallaban dos cosas.
Cosa uno que me pasaba:
Por un lado, no tenía la movilidad suficiente. Ni en mis hombros, ni en mis caderas.
Pensaba yo que con fuerza podría suplirlo.
Pero que es la movilidad sino la capacidad de ejercer fuerza en posiciones finales de tu recorrido articular.
Y a esos puntos necesarios para la ejecución del maldito ejercicio llegaba a duras penas. Y si cuesta llegar, tener fuerza aún más.
De hecho, si llegas a una posición y lo único que puedes hacer desde allí es deshacerla… malo, malo.
Puedes decir que tienes una buena movilidad cuando accedes a una posición y eres capaz de hacer cosas en esa posición.
Te pongo un ejemplo:
Si puedes abrirte mucho de piernas pero después ahí te quedas encallado, solo puedes intentar juntar de nuevo las piernas y con esfuerzo; posiblemente estás confundiendo la movilidad con la flexibilidad.
La movilidad en esa posición te permitiría hacer otras cosas con tus caderas, por ejemplo.
Pero te he dicho que eran dos cosas las que me sucedían.
Vamos a por la segunda.
Cosa dos que me pasaba:
Por otro lado no creí en el proceso (cagada).
Pensé “qué coño, esto es fácil” y tiré por la vía directa.
Y esto es lo que pasa cuando el que te enseña lleva en el proceso durante años.
Mientras te lo demuestra, mientras te enseña, él, que lo hace tan sencillo, y parece, repito, parece fácil, pues tú piensas que, efectivamente, lo es.
Y no.
No lo es.
Para nada.
Y como lo ves fácil y te crees que es fácil te vas por la vía directa.
¡Meeeeec!
Error.
Y entonces: frustración.
Y esto no es para mí.
Esto es imposible.
No estoy hecho para esto.
Pues oye…
Después de eso he estado trabajando mi movilidad (y fue hace años).
Olvidándome por completo de ese ejercicio.
Además, llevo unos meses metido en un nuevo proceso de aprendizaje.
Está guay mejorar la movilidad.
Está guay y es necesario.
De hecho, como te comento en el email de cada día, la mayor parte de la población solo necesitaría eso para vivir con mejor calidad de vida.
Pero para mí tengo otros planes.
Nada maquiavélico.
Pero una vez tienes cierta movilidad, está muy chulo hacer cosas diferentes con ella.
Bien, pues este nuevo proceso de aprendizaje lo he tomado con respeto, con paciencia, creyendo en él.
Le estoy poniendo la intención necesaria (la intención… esto da para una nueva entrada en el blog).
El cuerpo aprende más rápido que nosotros.
Si le das su tiempo, es una maravilla como se adapta, como crea nuevos patrones, como los utiliza para situaciones parecidas…
Voy al lío.
Esta vez he empezado teniendo la movilidad.
He continuado creyendo en el proceso.
Y…
Voilà!
(he tenido que buscar cómo se escribe, lo admito)
Lo he intentado y ha salido.
Bastante natural.
Con menos esfuerzo del que pensaba que necesitaría.
(al final te dejo un enlace por si quieres verlo)
Así que a mis 49 años sigo pasando pantallas el juego.
Porque jugar es divertido.
Jugar implica movimiento.
Y el movimiento es vida.
La vida es movimiento.
Así que vive, juega, muévete.